viernes, 9 de noviembre de 2012

En vísperas del cacerolazo



Los ciento siete diputados opositores que firmaron contra la re-reelección se declararon autores de una iniciativa que no les pertenece. Antes de que ellos pusieran el gancho, la reunión de Idea -el principal foro de la burguesía argentina- había abundado en pulgares abajo contra la re-re. El planteo de la “alternancia” en el poder estuvo bendecido nada menos que por el visitante y ‘compañero’ del Mercosur, Lula da Silva.
Los diputados opositores se limitaron a refrendar lo que el gran capital ya colocó en la agenda, en vistas del fracaso del intervencionismo oficial para impulsar una reactivación, del defol explícito de una parte de la deuda pública, de una bancarrota del Estado nacional y los de las provincias, además de estar también en las vísperas de otro defol, el de la energía. En medio de este cuadro, el capital financiero ha vuelto a emplazar a la Argentina en Ghana y en Nueva York.
El rescate de los especuladores internacionales -“desendeudamiento”- y de los privatizadores ha terminado en una nueva quiebra nacional. Los beneficiarios del rescate, sin embargo, exigen un viraje de la política oficial y una normalización integral en favor de sus intereses, lo cual choca con el régimen político vigente.

En este cuadro, la negativa a la re-reelección como factor de unidad opositora es sólo una pantalla. Después de todo, casi todos sus firmantes participaron de los compromisos parlamentarios reaccionarios de las últimas dos décadas, comenzando por el pacto de Olivos. En otros casos -como el centroizquierda-, votaron el rescate político del gobierno en seudoestatizaciones dirigidas a rescatar a vaciadores, como en Aerolíneas, YPF, o incluso Ciccone. Debajo de la camiseta que se opone a la re-re, la oposición disimula un compromiso con los reclamos de fondo de la gran burguesía: el fin del dirigismo oficial, una devaluación y el ajustazo. Lozano calificó el acuerdo de los 107 opositores como ‘redundante’. En cambio, para él no estuvo de más sumarse al foro de Idea, donde el gran capital presentó su pliego de reclamos de fondo.
El 8N, el cepo y la deuda
Las 107 firmas apuntaron a llegar en tiempo y forma de cara al cacerolazo, para asegurarse que los reclamos por la desorganización económica, inseguridad ciudadana o despotismo político apunten solamente a la Rosada. Pero, en este punto, la impostura no puede ser mayor. Dos “amigos” del 8N, el principal economista del PRO (Surtzenegger), por un lado, y Prat Gay, por el otro, acaban de señalar que el fallo de la justicia neoyorquina en favor de los fondos buitres es ‘una oportunidad para el país’, porque legitimaría -según ellos- el pago a estos fondos con la misma quita que aceptaron el resto de los acreedores. En definitiva, plantean una nueva apertura del canje de la mano de la justicia americana, lo que sumaría al país otra carga de 4.500 millones de dólares de deuda. Pero, entonces, Prat Gay y el PRO deberían explicarle a los caceroleros que ello sólo sería posible con un ‘recontracepo’. O, en su defecto, con una megadevaluación que junte los dólares para la ‘normalización financiera’ a costa de una licuación general de los salarios y gastos estatales.
Para contrarrestar a los blogueros del 8N, el gobierno ha gastado fortunas en operadores mediáticos. Pero nada puede sustituir la ausencia completa de planteos de carácter nacional o antiimperialista frente a la presión del capital financiero. Como línea de ‘resistencia’ a los fondos buitres, Cristina Kirchner ha juramentado pagar “hasta el último centavo” de la deuda ‘canjeada’ en 2005 y, naturalmente, de las nuevas hipotecas contraídas desde entonces. Aplaudidores mediante, la Presidenta se las arregló para presentar como un gesto soberano el mismo compromiso antinacional que Nicolás Avellaneda les hizo, en 1877, a los tenedores de bonos argentinos. Para pagar con “el hambre y la sed de los argentinos”, continuará el empapelamiento del Central, la desvalorización de la moneda -o sea, de los salarios y jubilaciones- y el defol selectivo contra la Anses. Los límites del gobierno para colocarle una oposición popular a los planteos derechistas son infranqueables. Por eso, le ha entregado a estos últimos la presencia en las calles. Lo mismo ocurre con el 7D, donde la “tromba” oficial se diluye en chicanas judiciales.
La polarización, que oficialistas y opositores se han empeñado en extremar de cara al 8N, intenta disimular los intereses sociales comunes que, en última instancia, defienden unos y otros ante la crisis capitalista. Apenas una semana antes del 8N, los legisladores porteños del kirchnerismo le daban su voto a Macri para aprobar un paquete gigantesco de entrega de tierras públicas de la Ciudad al capital financiero. El cacerolazo, sin embargo, no denunciará a Macri por este pacto reaccionario con el kirchnerismo. Tampoco lo escrachará por haber votado en el Congreso la nefasta ley de ART de los K.
La demolición del centroizquierda
El paraguas del no a la re-re también ampara una tentativa de compactación política, de cara a las elecciones de 2013. Es que el sometimiento del centroizquierda al programa del capital financiero exige un encuadramiento político. Por eso, la semana del 8N comenzó con un encuentro, que unió a Prat Gay, Estenssoro y la UCR con la mayoría del FAP, para cobijarse bajo la candidatura común de Solanas para senador en la Capital. Solanas no abrió la boca contra esta coalición en grado de tentativa entre el JP Morgan, los privatizadores de YPF, el punto final y la obediencia debida. En cambio, el jefe de Proyecto Sur firmó con ellos el pacto contra la re-re, estableciendo un campo de acción común. También decidió practicar esa misma unión en la conferencia de prensa donde Binner rescató a la policía de Santa Fe. En la caja de Pandora del no a la re-re, hay un embrión de frente derechista entre Macri y el PJ, por un lado, y un frente ‘progresista’ comandado por el gran capital, por el otro. La agudización de la crisis y la polarización de los partidos capitalistas obra como un factor fantástico de disolución sobre el centroizquierda y, en particular, sobre las izquierdas de este último. Lozano, en este cuadro, ha descubierto el “oportunismo” (sic) de Libres del Sur. De haber aspirado a gobernar la Ciudad en 2011, el centroizquierda porteño podría terminar partido en tres. Los que querían “navegar” ambiguamente entre los dos polos capitalistas de la crisis pueden terminar peor que la Fragata Libertad. La izquierda que continúe sometida a esa perspectiva pagará la mayor factura de todas.
Levantar a la izquierda como alternativa 
La víspera del 8N ha transcurrido en medio del completo silencio de las centrales obreras opositoras. El inminente anuncio de un paro para la tercera semana de este mes, si se concreta, quedará para después del cacerolazo. Es evidente que Moyano y Micheli han dejado que el 8N -y los bloques políticos que lo fogonean- establezcan el marco político de un futuro paro general y no al revés. El cacerolazo del jueves ganará masividad a caballo de un conjunto de agravios populares, incluyendo a los que afectan a la clase obrera -como el impuesto al salario o el despojo de las asignaciones familiares. Pero no repudiará a los Macri, De la Sota o Binner que, en materia de ataques a la mayoría del pueblo, no le van en la zaga al kirchnerismo -o incluso pactan abiertamente con éste.
Precisamente, la CGT y CTA opositoras están abiertamente entregadas al juego de alianzas de la oposición, la cual apuesta a entregar el desenlace de la actual crisis nacional a los Macri, De la Sota o Binner.
Bajo la forma de un conjunto de choques y maniobras, los preparativos de las elecciones de 2013 son mucho más que el prólogo de un turno electoral intermedio. Lo que se va a poner a prueba es la consistencia de las fuerzas políticas y las clases sociales que disputarán el desenlace de una nueva crisis nacional, en el marco de una bancarrota histórica del capitalismo. Los que le exigen al gobierno el trabajo sucio de una devaluación y un ajustazo, fantasean con un nuevo valor del dólar que permita levantar el cepo y liberar el mercado de divisas, para que una posterior afluencia de capitales impulse una reactivación económica e incluso una revalorización parcial de la moneda. Aspiran, en definitiva, a una remake de 2002, después de la devaluación del 300% y la consiguiente confiscación general de los salarios (el punto de partida del ‘modelo’). Pero aquel ajustazo coincidió con un ascenso especulativo de la economía mundial capitalista, el cual se estrelló en 2008. En cambio, la devaluación que impulsan ahora sólo empalmaría con un agravamiento de la bancarrota capitalista internacional. Esta devaluación no le ahorraría al pueblo argentino una nueva confiscación.
El desarrollo de la crisis tiene que mostrar el carácter artificial de la polarización entre bandos capitalistas y sus reaccionarios propósitos comunes contra la clase obrera. Pero ello tendrá que ser puesto de manifiesto a través de una agitación política de carácter socialista, que le oponga una salida anticapitalista a la crisis. El Frente de Izquierda tiene la responsabilidad de postularse como alternativa de conjunto, introducir una delimitación política en torno de los intereses históricos de los trabajadores -y no de los que exige la agenda de los capitalistas- y, a partir de allí, plantear un programa y sacar al ruedo a los candidatos que lo van a defender en el episodio estratégico de las elecciones de 2013.

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