jueves, 29 de octubre de 2009

HACIA LA CONFERENCIA SINDICAL DEL PARTIDO OBRERO

El Subte debate la lucha de Kraft

En medio de un debate sobre el plan de lucha del Subte, un sector del Cuerpo de Delegados planteó que la huelga de Kraft había sido una derrota que no hay que repetir, y que ella se debe a los métodos de huelga “salvaje” que se emplearon. El MST coincidió con estas posiciones. En resumen, mientras el país cree que las luchas de Kraft y del Subte integran un movimiento común en la clase obrera, este sector opina todo lo contrario. Pero, entonces: ¿de qué lado están? Este planteo compromete el rumbo histórico del sindicalismo combativo del subte, donde una enorme cantidad de activistas se han formado en el enfrentamiento a la patota de la UTA, a la patronal de Benito Roggio y al gobierno kirchnerista, aprendiendo sobre su naturaleza política y de clase.
¿Qué deberían haber hecho los obreros y activistas de Kraft ante el despido de la totalidad del Cuerpo de Delegados y de la Comisión Interna en su conjunto? Los críticos de la lucha de Kraft han olvidado que el movimiento del Subte comenzó hace más de diez años cuando se produjo el despido de una compañera, una sola, lo que paró a las líneas. Es sorprendente que se diga que el corte de la Panamericana es una acción ‘salvaje’ en un gremio que se ve obligado, en la lucha, a bloquear el transporte de centenares de miles de personas. Como muy pocos activistas hablan por hablar, este enjuiciamiento negativo a la lucha de Kraft deja en evidencia una orientación que se asemeja a la de las burocracias de la CTA y hasta de la CGT; este sector llegó a reivindicar la construcción sindical de Moyano. El mismo Moyano que apoya a la UTA y rechaza el reconocimiento del sindicato del Subte.
Huelga salvaje quiere decir contra la ley, o sea contra la conciliación obligatoria, pero que en el caso de Kraft el gobierno se negó a renovar, precisamente para que la patronal tuviera campo libre para los despidos. Pero el rechazo a la conciliación es lo que han hecho los docentes de Córdoba capital, contra Schiaretti, y de la Ciudad, contra la conciliación de Macri, o las huelgas petroleras de Santa Cruz. En Kraft, la interna respetó todas las conciliaciones violadas por la patronal. La conciliación obligatoria es una institución anti-obrera, que tiene su origen en las dictaduras bonapartistas en Europa, que precedieron al fascismo. En Argentina, fue restablecida por la dictadura de Onganía. En oposición a las conciliaciones, voluntarias u obligatorias, defendemos la soberanía de las decisiones de las asambleas obreras. La eliminación de la democracia sindical por parte de la burocracia, es parte del régimen de la conciliación obligatoria. Daer desautorizó esta lucha en función de su atadura a la patronal y al Estado (y a la Embajada norteamericana). El ataque a la lucha de Kraft, desde el Subte, sigue una línea que se manifestó en el ataque de este mismo sector a la huelga del Casino, en 2007, y en su slogan de ‘cavar trincheras junto a la burocracia’. Pero no se pude desarrollar un movimiento intersindical clasista como compañeros de ruta de lo que se reconoce como burocracia sindical.
Es claro que los piquetes, cortes de ruta y marchas multitudinarias a Plaza de Mayo, impusieron un límite al golpe patronal de Kraft; de lo contrario, la organización en la fábrica estaría hoy en ruinas (en manos de Daer). Esta lucha contribuyó al despertar de nuevas organizaciones del movimiento obrero, por ejemplo la nueva Comisión Interna de Arcor, de Salto, que reclamó una hora de paro de todo el gremio de la alimentación en defensa de Kraft en la reunión de “los cuerpos orgánicos” que convocaron Daer y Morán para no apoyar a los obreros. Mediante la lucha, los obreros de Kraft enfrentaron el bloqueo a que los sometieron las burocracias de Moyano y Yasky. En lugar de ofrecer un manual contra las derrotas de las luchas, los que las critican debieran denunciar ese bloqueo de la burocracia y ayudar así a su victoria. La burocracia de los Yasky y De Gennaro no pudieron recorrer los 35 kilómetros que van a Kraft, pero sí los 1400 para respaldar a la puntera kirchnerista Milagro Sala, de Jujuy.
La lucha de Kraft estuvo asociada a la lucha del Subte. Ambas llegaron a coincidir en un paro de tres horas en un mismo medio día, e incluso con otro piquete de metalúrgicos de Tatsa que ocupó la fábrica y cortó la General Paz. Estas luchas forman parte de un proceso que se originó en el Subte, en ocasión de la lucha por la jornada laboral de seis horas.
La denuncia de la lucha de Kraft, por parte de una de las fracciones más importantes del Subte, tiene un carácter marcadamente oportunista, pues deja de lado las luchas que se ganaron con los mismos métodos de Kraft: la ocupación de Cive, de Pilkington o la gran huelga petrolera del norte santacruceño, o el acampe de Massuh. Los que no ganan nunca son los burócratas, como se ve en los docentes o en la traición a las luchas de Mahle y Paraná Metal.
El balance que esa fracción hace de la lucha de Kraft apunta, como es obvio, al futuro del plan de lucha del Subte. En el Subte, las cosas hierven: ante cada provocación patronal y de la patota se producen paros casi semanales. La patronal y la burocracia están jugadas a no reconocer la organización gremial de la base ni el nuevo sindicato.
Defendemos la lucha de Kraft y llamamos a todos los movimientos independientes de la burocracia a unirse con un definido programa político-sindical.
Néstor Pitrola


Kraft/Terrabusi: la 'paz social' en acción

En la asamblea de despedidos y organizaciones convocada luego de la firma del acta acuerdo de “salida” al conflicto, uno de los miembros de la interna (PCR) defendió la firma de la “paz social”, que prohíbe huelgas y piquetes a cambio de un reingreso de trabajadores que dejó un saldo de 123 despedidos (70 indemnizados). Dijo que había sido una concesión obligada en el marco de un acuerdo que calificó como “un paso adelante”. Es claro que si apoya el acuerdo de despidos y desconocimiento de la comisión interna, la ‘paz social’ viene por sí sola.
Lo concreto es que la patronal viene violando la paz social con absoluta impunidad. En las horas siguientes al acuerdo fue despedido un trabajador, cuyo caso está hoy en manos del ministerio de Trabajo. El compromiso de comenzar “de inmediato” la ronda de audiencias para tratar caso por caso el despido de los 53 compañeros no se cumplió jamás. Los trabajadores cesanteados siguen en la calle, sin que se les haya abonado. La patronal y la burocracia dilatan las audiencias, y acosan a compañeras y compañeros de adentro y de afuera con propuestas de indemnización, mucho más altas para los primeros. Finalmente, la infantería Bonaerense no ha terminado de retirarse de la planta.
Es decir que la ‘paz social’ sirve para que el plan de desangre del activismo siga rigurosamente adelante. El objetivo es ir mucho más allá de los 123 cesantes y crear las condiciones para despedir e instaurar la flexibilidad laboral.

Paz social’ y elecciones en fábrica
La burocracia de Daer no dice una palabra sobre esto y exalta el proceso de elecciones de delegados, cuyas características guarda como secreto de Estado hasta el día de hoy –o sea, quiénes votan (todos, como siempre, o solo los afiliados, que son un tercio del total, en los que la burocracia tiene mayor apoyo), quién controla (desde ya que no la asamblea general), si vota la masa de “líderes” y supervisores– cerca de 500. Solo un dato se ha confirmado y es que se volverán a elegir 11 delegados, algo muy por detrás incluso de los 27 que deberían ser de acuerdo a la nefasta ley de la dictadura –uno cada cien.
Las fuerzas que constituían la comisión interna se han dividido. El bloque que orienta el PCR ha presentado su propia lista y ha sido legalizada.
¿La patronal y la burocracia tienen entonces, todas consigo?
No. El odio a la camarilla que dirige el Sindicato de la Alimentación recorre la planta y habrá que ver hasta dónde llega un proceso de fragmentación que se observa en sus filas. La conciencia sobre los planes últimos de la patronal –nuevos despidos, tercer turno americano, libertad total en materia de ritmos de producción– es elevada. La repulsa al acuerdo y a la “paz social” no cede, y el sentimiento mayoritario es que las asambleas que “aprobaron” el acta acuerdo fueron minoritarias y con la participación vergonzante de “líderes” y hasta funcionarios de la empresa.
Es decir, nadie puede decir, al día de hoy, si el martes 3, día de la elección, los trabajadores de la planta Kraft, aún con una mano atada, no propinarán una derrota a la burocracia.

Reorganizando las filas
El jueves pasado hubo una movilización de los despedidos frente a la UIA que fue acompañada por el PO y otras organizaciones. En las puertas de la planta se han instalado tres carpas con trabajadores despedidos. A estas horas se reúne un plenario de solidaridad, donde discutiremos el reagrupamiento de los cesantes y una asamblea común a la salida de un turno para resolver una acción de lucha por la reincorporación de los compañeros despedidos y la continuidad de la campaña (adentro y afuera) por el fondo de huelga.
No hay tal “buen acuerdo”, como planteó Tomada. Adentro hay que reorganizar filas en una elección que se hace con los despedidos afuera y reorganizar filas en las secciones, contra la ofensiva patronal. La batalla adentro y afuera es una sola, con una política común contra la patronal y la burocracia, desconociendo la paz social de Tomada, de Daer y de los yanquis. Los piquetes junto a los compañeros despedidos ayudan al proceso interior. Es la batalla en la que hoy está empeñado el PO, como parte del esfuerzo por la constitución de una agrupación clasista en el gremio de la alimentación. Una tarea que surge del balance riguroso de esta enorme lucha de la clase obrera.
Christian Rath


Zanón reclama que se concrete la expropiación

El sindicato ceramista de Neuquén acaba de comunicar que la expropiación de Zanón se encuentra empantanada e informa el inicio de un plan de movilización. Reclama sacarla del concurso de acreedores y que el gobierno provincial termine el proceso de expropiación. La ley declaró a los bienes de la empresa sujetos a expropiación, pero la concreción esta condicionada al desembolso del dinero por parte del Estado. Es lo que pasa también con todas empresas recuperadas desde 2001. Como se ve, estamos lejos de la proclamada “expropiación de los capitalistas”, aun con fondos que debería poner la empresa recuperada con la venta de cerámicos al Estado.
La sanción de la ley había estado precedida por el avenimiento de los acreedores, privilegiados con el resarcimiento a los capitalistas por 23 millones de pesos. Muy lejos de la afirmación que “la expropiación saca los bienes del ámbito del juez de la quiebra”, la ley la subordina al juicio de quiebra y condiciona el veredicto final a los acreedores (en este caso, más que en cualquier otro, queda al desnudo el carácter trucho de las leyes burguesas de expropiación, que no son más que compras disfrazadas por parte el Estado, con mayor o menor grado de consentimiento por parte del capital involucrado).
Pero ni aun este mecanismo ha sido suficiente garantía para efectivizar la expropiación: “Ya han pasado más de dos meses, dice el comunicado sindical, desde que la Legislatura provincial votó la ley de expropiación, y a pesar de los reiterados pedidos de reunión... no hemos tenido ningún tipo de respuestas”. Esto significa que el Estado no puso la plata para indemnizar a los capitalistas, ni hay negociaciones en desarrollo en el marco del concurso. Por más que se haya firmado el avenimiento, no hay que descartar nuevas maniobras de los acreedores privilegiados y la propia familia Zanón, así como de Sapag y el MPN. Como se ve, estamos muy lejos de una ley que sería “un ejemplo para el provenir”, como fue presentada, lamentablemente, en el afán de embellecer una gestión política mediante el exitismo, en detrimento de la denuncia de las limitaciones insalvables de la ley.
En el comunicado, el sindicato ceramista afirma, asimismo, que “desde 2008 venimos discutiendo con el Poder Ejecutivo de la provincia... también políticas que garanticen la continuidad de nuestra fuente de trabajo, igualdad de condiciones que el resto de la industria en materia de subsidios en energía eléctrica y gas, la compra para la obra pública, créditos para la renovación tecnológica”. El reclamo pone de manifiesto que Zanón está muy lejos de haber escapado a las leyes del capitalismo y, por lo tanto, a la explotación capitalista. El despotismo que antes ejercía en forma directa la patronal sobre los trabajadores de Zanón, lo ejerce ahora “el mercado” que, por un lado, vehiculiza la presión económica del capital que domina la industria, los bancos; y el Estado; y, por el otro, favorece a los capitalistas con los recursos fiscales y combate las reivindicaciones de los trabajadores. Los corralones le imponen a Zanón condiciones leoninas para la comercialización de sus productos, lo cual les permite obtener rendimientos siderales a expensas de la gestión obrera. En este marco, la defensa del nivel salarial de los trabajadores tiene lugar a expensas de una creciente descapitalización de la fábrica (deterioro de los equipos y maquinarias, obsolescencia). Los reclamos que plantea el sindicato ceramista ponen al rojo vivo este ahogo económico: el Estado complementa los salarios con los Repro de 600 pesos, como ocurre con las empresas capitalistas en crisis.
En este contexto, batir el parche sobre el “ejemplo para el porvenir” o la reivindicación de la “autogestión” equivale a un callejón sin salida. En varios países, en especial Venezuela, se impulsa la “propiedad social”, entendida como una empresa donde los trabajadores dejan de ser obreros para convertirse en monotributistas, que funciona como una tercerizada del propio Estado. Detrás de la denominación rimbombante estamos ante una salida capitalista a la crisis, a través de un retroceso social de la condición de los trabajadores. En oposición a la ‘autogestión’, el futuro de los trabajadores de la “empresa sin patrones” depende de una lucha anti-capitalista de conjunto, que plantee la expropiación sin pago de las empresas vaciadas y también la nacionalización de los bancos, bajo control obrero, como una transición hacia una planificación dirigida por los trabajadores.
Sólo a partir de la crítica a la ley del MPN (así como todas las que reglamentan a las empresas recuperadas) y de la crítica a la autogestión, podremos continuar la lucha para arrancar la expropiación definitiva de Zanón y consolidar la gestión obrera; o sea, inseparable de una lucha anticapitalista de conjunto. Bajo esta perspectiva, llamamos a apoyar la movilización dispuesta por los compañeros de Zanón y derrotar esta nueva maniobra que deben enfrentar.
Pablo Heller

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